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Cuenta con 4700 habitantes y tiene unas hermosas casas con gran originalidad arquitectónica, fruto sin duda del paso de los distintas culturas (fenicios, romanos). Debemos visitar el Santuario de San Sebastián, la Parroquia de Santa Ana S.XVII y la Necrópolis de Trayamar que data del siglo VII a.C.
Destaca por sus cultivos: vides, almendros, olivos y nísperos. La iglesia de Santa Catalina, del siglo XVI, de estilo mudéjar es el edificio más destacado del pueblo. Otro monumento de gran importancia es la Fuente del Cid, donde se dice que el Cid Campeador bebió agua en una de sus visitas por estas tierras.
Vive básicamente de la viticultura. Es de los enclaves urbanos más espectaculares de la provincia. Para los amantes de la montaña, un recorrido por la pista forestal que se dirige a Venta Panaderos por la Casa de la Mina, puede convertirse en una excursión inolvidable. Pasearemos por las calles empinadas del pueblo, en el que las casas presentan su tradicional construcción de estilo árabe de una o dos plantas y arcos de medio punto achatados para el acceso. Arquitectónicamente, destacamos la Iglesia de la Asunción (siglo XVI). Son famososísimos el vino Moscatel y las uvas pasas, ambos productos internacionalmente apreciados por su excelente calidad. Se celebra una de las más conocidas fiestas de la comarca, la denominada "Noche del vino", el 15 de agosto. Entre los platos más sobresalientes destacan el potaje de hinojos y las migas. La calabaza frita, la tortilla de Semana Santa, el lomo al ajillo, el choto, la asadura a lo pastoril, bacalao y algo de verdura (espinacas), completan esta interesante oferta gastronómica.
Es un pueblo de montaña. La Atalaya y la Sierra Verde, dominan el paisaje, hogar de águilas, jabalís y cabras montesas, donde se pueden realizar inolvidables excursiones a través de sus innumerables senderos y caminos. Paisajes de barrancos y torrenteras que acompañados de bosquetes de pinares ascienden hasta los peñascales de los tajos de la Chapa, Carneros y Albucaz, siempre por encima de los 1.600 metros de altitud. Entre su casco urbano sobresale la torre de la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Expectación, construida en el siglo XVI en la plaza donde también se ubica el edificio del Ayuntamiento
En lo alto del pueblo se encuentra la ermita de Santa Ana, en estado de
abandono, que fue edificada en el siglo XVI. Desde este lugar se divisa
una espléndida panorámica de las sierras próximas. En el municipio
existen un buen número de cuevas o grutas naturales como la de las
Piletas, la del Agua, la del Melero y la del Conejo.
Con 12.000 habitantes es un hermoso pueblo blanco que está rodeado por las sierras de Tejeda y Almijara. Históricamente, Torrox alcanzó su mayor prosperidad durante el periodo musulmán debido a su papel como eje en la ruta de la seda comercial entre Granada y ciudades del Medio Oriente como Baghdad y Damasco. En Torrox hay mucho que ver: El Santuario de la Virgen de las Nieves, la Iglesia de la Encarnación, la Casa de la Moneda... Son importantes los restos romanos que se encuentran en la zona costera del Faro. En el pueblo, de origen árabe, se conservan restos de torreones y murallas, calles estrechas, empinadas y zigzagueantes. Muchos de los platos típicos de la Axarquía reciben un "toque" particular en Torrox, como ocurre con las migas, las gachas, los maimones, " papas a lo pobre ", ajoblanco, etc. También destacan el zoque, o gazpacho de tomate, y la ensaladilla arriera. En la costa lo que se encuentra con más frecuencia es el espeto de sardinas. Entre los dulces destacan los buñuelos de viento y la arropía. Son famosos los vinos del terreno: uno abocado y seco y otro, llamado "aguapié", con menor proporción de alcohol
En Nerja se dan cita el mar y la montaña, configurando un paisaje costero único: los Acantilados de Maro. Su singularidad les ha merecido la declaración de espacio natural protegido como Paraje Natural. Estos acantilados conservan en su conjunto una importante calidad paisajística que se acentúa de manera especial con los del Cerro de la Caleta y de la Loma de la Torre de Maro, así como en las numerosas calas, a menudo vigiladas por torres almenaras que añaden una singular pincelada de historia. Nerja goza de un clima privilegiado y de un entorno paisajístico de ensueño, donde se alternan espectaculares acantilados y playas de arena dorada. No debemos dejar de visitar su impresionante Cueva, verdadera catedral prehistórica. La Cueva tiene un total de 4.283 m. de recorrido, de los cuales sólo una tercera parte son visitables turísticamente. Posee tres bocas de entrada, dos naturales y la tercera que fue habilitada artificialmente en 1960 para su visita. Su visita nos sorprenderá por la magnitud de las salas, con altos techos y magníficas formaciones de estalactitas y estalagmitas, donde prácticamente están representadas todos los tipos conocidos. Las Cuevas cuentan con 22 pinturas probablemente de la época auriñaciense y han sido declaradas Monumento Histórico-Artístico Nacional. La comida local tiene su vertiente turística, con restaurantes de alto copete, y la gastronomía propia en la que se mezclan productos del campo con frutos del mar: pimentón con pescado y almejas, migas con caldo y almejas, cazuela de fideos con pescado, ajoblanco con uvas, ajocolorao, besugo de Burriana (una de las calas de la zona) a la plancha, ensalada imaroga, calabazas, etc. Degustaremos la famosa torta sanjuanera, hecha con harina, aceite, azúcar, matalauva y huevos.
Es sin duda uno de los pueblos más hermosos, ya no sólo de la comarca sino de toda España. La extensión de su termino municipal es de 39´ 74 Km. cuadrados y su población de 2. 200 habitantes, la cual llega a triplicarse durante los meses de verano, con la llegada del turismo. El núcleo morisco es precioso y sus calles blancas y radiantes, decoradas con flores, nos atrapan en un encanto del que no querremos escapar. Su arquitectura reviste el más puro estilo mudéjar respetado a través de los siglos. La historia de Frigiliana se remonta ya a tiempos prehistóricos, y ha sido habitada desde entonces por numerosas culturas, como fenicios, romanos y árabes, que han proporcionado al lugar una riqueza monumental. Es espectacular en este pueblo el empedrado de las calles y el aprovechamiento del espacio (muchas casas están empotradas en la roca). Imprescindible la visita a la Casa de los Manrique de Lara, del siglo XVI. En el casco viejo han sido colocados doce mosaicos de cerámica vidriada en los que se cuentan a modo de romances de ciego la historia de la rebelión de los moriscos en esta villa. La creación artística se debe a dos artesanas, la ceramista Amparo Ruiz de Luna y la pintora sobre vidrio Pilar García Millán. La Iglesia de S. Antonio de Padua data del siglo XVII y se levantó sobre una antigua mezquita, corriendo todos los gastos a cargo de los Manrique de Lara. Es de estilo renacentista, casi en su totalidad y presenta una planta de cruz latina en tres naves separadas por arcos de medio punto apeando sobre pilastras rectangulares. En uno de sus arcos podemos apreciar pinturas al fresco que datan del siglo XVII. Los platos más representativos de Frigiliana son el "ajocolorao ", el choto guisado en aceite, las migas de harina y el potaje de Semana Santa. En postres, tenemos la arropía, batatas con miel de caña, las tortas de San Juan o el hornazo "sanjuanero", la miel de caña y, por supuesto el vino moscatel.
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